Cada mañana transita caminos insospechados, cada mañana le pone su pecho a quién sabe cuántas balas.
Cada mañana, con su traje de Superhéroe defiende a la humanidad de los malvados villanos.
Puede ser que suene fantástico, pero no por maravilloso…
Ocurre que la embestida de la realidad es tan fuerte cada día, que la vida lo obliga a representar roles antes impensados.
Se ve superado.
Escándalos, traiciones, estafas, negociados.
Crisis social, económica, educativa, crisis institucional.
Todo a su alcance con tan sólo encender la radio, la televisión, conectarse a la Internet o comprar algún periódico.
¿Y la ética, y la moral, y los principios?
Hasta hace no tanto, aunque pensándolo bien, ya no tiene certeza cuando habla de tiempos, sus padres le hablaban de valores, del bien y del mal, de ayudar al prójimo, del respeto.
Hasta ahora, siempre ha tratado de inculcar a sus hijos ciertas pautas de convivencia con el fin de aunar existencias, de proyectarse, de buscar un sano desarrollo.
¿Y si ya no fuese comprendido, y si sus teorías del buen vivir hubiesen quedado obsoletas?
¿Qué sería de su retórica si hubiese estado dormido durante la transformación del mundo, si la población hubiese sido atacada por algún agente patógeno que acabó con el Ser?
Comienzan la especulación y la fantasía, se encuentra discutiendo con sus pares. Con su jefe, con sus empleados, con sus profesores, sus alumnos, las autoridades.
Comienzan a asomar la duda, la desconfianza, el temor y la inseguridad.
Llega el momento de actuar. De ponerse el traje y hacerle frente al enemigo.
Llega el momento de pedir explicaciones, de exigir una respuesta, llega el momento de aferrarse a algo que lo mantenga vivo, consciente, atento.
Es entonces cuando se convierte en economista, en sociólogo, en psicólogo, en educador.
Entonces se vuelve estadista, analista, hace proyecciones, saca conclusiones.
Reclama que le devuelvan su vida, sus ideales, sus proyectos, su libertad.
Decide comprometerse con la causa.
Preocupado, atemorizado, expectante, toma las armas.
Extrañamente sus armas no son las convencionales, hoy se vale de la palabra, de la tecnología, de los medios de comunicación.
Muy pronto se encuentra generando mensajes, opinando notas, compartiendo puntos de vista. Se vuelve partícipe de un espacio que lo contiene y lo excede, se vuelve público, se deja ver.
Discute, transgrede, agrede, destruye.
Y no siempre al enemigo… Algunas veces acaba con las esperanzas de otros tantos, con modelos, con estrategias que escapan a sus manos y a su mente, muchas veces daña.
Y no se da cuenta.
Ignora el poder oculto en sus palabras, en sus armas.
Sin querer se torna enemigo.
Al fin del día su vida se cargó de emociones, textos que invaden su mente, frases que se organizan en nuevas ideas, la sangre caliente recorre su cuerpo, presa de ansiedades, dolores, rencores.
No está satisfecho, se siente impotente.
No está preparado para este juego cruel, él tan sólo es un hombre común.
Su compromiso es hacer, colaborar, respetar y hacerse respetar, trabajar y crecer, educar a sus hijos para el bien, ser responsable de sus actos y sus palabras, comprometerse con sus ideales.
Su compromiso es sentir, ver y escuchar, comprender.
Su compromiso es amar.
Él tan sólo es un ciudadano común.