miércoles, 3 de febrero de 2010

LA OPORTUNIDAD

Hoy tuve la oportunidad.

Pude ver de cerca, pero muy de cerca, la realidad de nuestros niños.

Fue un enorme dolor y un lamentable placer estar ahí. Sus necesidades agobian y mis posibilidades resultan un detalle frente a su demanda.

Chiquitos… Una vida por delante y tan pocas armas para defenderse.

No saben cómo hacer, temen, y su orgullo los obliga a retraerse, a negarse el futuro.

Somos culpables.

Nunca les dijimos cuánto valen y lo importantes que son para nosotros. Nunca les dedicamos tiempo, nunca les hablamos de la vida.

Tuve la oportunidad de enseñarles de unidades, decenas y centenas. De unidades de mil, decenas de mil, centenas de mil. De enseñarles a escribir.

Pero tienen doce y trece años…

¿No es lamentable?

Tuve la oportunidad de enseñarles muchas cosas, pero no pude.

Antes tuve la necesidad de explicarles de qué se trata esto de aprender, de estudiar, de desarrollarse.

Antes tuve la necesidad de explicarles a qué se estaban enfrentando, qué estaban haciendo y para qué.

Me sentí útil, pero morí de pena.

Vivieron doce, trece años, ignorando el por qué, el para qué.

Y siento que soy culpable, que demoré demasiado en despertar a su realidad.

Intentan ingresar a un secundario y sus posibilidades son remotas.

¿Cómo llegaron hasta aquí, cómo nadie advirtió sus falencias, sus maestras dónde estaban, qué miraban, y sus padres?

¿Cómo puede ser que niños de doce y trece años no sepan escribir números?

¿Cómo pueden seguir avanzando si no conocen las cosas más básicas?

Pude ver claramente el tiempo perdido en infructuosas discusiones, en juegos de poder que nos van consumiendo como sociedad y como individuos.

Pude ver que en nuestra Argentina hacen falta grandes proyectos que nos posicionen en el mundo de hoy y nos permitan acceder al mundo de mañana.

Pero pude ver también, que mucha más falta nos hace mirar a nuestro alrededor.

Ver sus caritas, la vergüenza que sientes por no saber, como si la culpa fuera suya…

Nos está haciendo falta volver a ser humanos, sentir la angustia y la impotencia que da la ignorancia.

La vida no resulta justa, las posibilidades no son iguales para todos.

Ellos también se esforzaron concurriendo a clase por siete años, ¿por qué hoy no pueden seguir adelante? Ellos caminaron diez cuadras de ida y otras diez de vuelta para ir al colegio cada día, con lluvia, con frío, con un sol que arrasa con el alma.

Ellos se esforzaron como tantos otros que hoy sí podrán rendir un examen que les sea favorable.

Y estoy hablando de niños que viven a 100 km de capital, no son niños inmersos en la selva o habitantes de las altas cumbres. ¿Qué pasó?

Pero ellos fueron a la escuela pública, tal vez sea eso…

Cuando yo era chica la escuela pública era maravillosa, tengo grandes recuerdos.

La vida no es un negocio, no es un juego en el que si perdés, volvés a tirar los dados en la próxima vuelta.

La vida no te da revancha, si te quedás atrás fuiste.

¿Y a qué viene todo esto?

A que me canso.

Me canso de leer pavadas, de escuchar diálogos vacíos, me canso de los juegos de poder, me canso de las mágicas promesas, de los falsos representantes, me canso de esperar que hagan, me canso…

Por momentos leo los diarios y sigo las noticias paso a paso, para ver si Redrado, si Cobos, si la jueza, o si Cristina.

Me dejo llevar por el ritmo de los acontecimientos, que el BCRA, que la Comisión Bicameral, la oposición, el oficialismo, que si los candidatos 2011 son unos u otros, que la normativa vigente o la nueva normativa.

Me canso…

La vida pasa y la gente se muere.

Se muere de hambre, se muere de calor, la mata el frío, la sequía, la angustia, la impotencia, la ignorancia, la mugre.

La gente se muere de pena, se muere de dolor, la gente se muere sola, olvidada.

Ya basta por favor, basta de ver gente morir, basta de perder el tiempo, de discutir vanidades.

Seamos adultos responsables, seamos ciudadanos comprometidos, seamos dignos, seamos humanos.

El planeta sucumbe, la raza humana sucumbe.

No hay tiempo, la transformación será un largo proceso y debe comenzar ya.

Apelo a todos ustedes para que juntos hagamos algo. Por mínimo que nos parezca será enorme para quienes están hoy relegados.

Nosotros podemos y no nos cuesta nada.

Un poco de dedicación, un vistazo alrededor y empatía.

Sí, empatía, nada más…